La historia de la dominación Romana en Mallorca, tras las Guerras Púnicas, que enfrentaron a los romanos contra los cartagineses con el fin de alcanzar el dominio del Mediterráneo, vemos aparecer una nueva potencia que poco a poco se irá haciendo con los resortes del poder en todo Occidente. Las islas, lógicamente, no quedarán al margen de estos acontecimientos.

Sin embargo, a la hora de abordar el estudio de la conquista nos encontramos frente a un gran problema: la falta de fuentes de información. Por ello, el especialista Guillermo Rosselló Bordoy estableció en este periodo de nuestra historia la expresión: “siglos obscuros”. De todas formas, en los últimos años se están realizando importantes trabajos arqueológicos que en un futuro arrojarán luz sobre la cuestión.

Los motivos esgrimidos por Roma para llevar a cabo la conquista los conocemos gracias a los autores grecolatinos, sobretodo a las aportaciones de Estrabón, Floro y Orosio. Veamos unos breves fragmentos de cada uno de ellos:

A causa de la fertilidad de sus tierras, los habitantes de Mallorca son también pacíficos, como también los de Ibiza. Pero porque unos pocos malhechores establecieron relación con los piratas del mar, todos fueron vistos con malos ojos y Metelo, llamado el Balear, vino por mar contra ellos, el cual fundó también las ciudades.

Puesto que la casa de Metelo estaba acostumbrada a los sobrenombres guerreros -uno de sus hijos era llamado Cretense- no fue necesario esperar mucho para que el otro fuera llamado el Balear. En aquellos tiempos las islas Baleares habían infestado el mar con un furor propio de los piratas.

Era sorprendente como unos hombres feroces y salvajes, se atrevieron a observar, cuando menos, los mares desde sus costas, a subir, incluso, a unas naves mal construidas, y atemorizaban, a menudo, con inesperados ataques sobre los que pasaban navegando.

Habiendo visto, la flota romana que venía desde alta mar, pero pensando que se trataba de una presa, se atrevieron, incluso, a atacarla y, en el primer ataque, cubrieron la flota con una enorme nube de piedras.

No asustaron, pero, a los romanos durante mucho tiempo con el apedreamiento, ya que cuando se acercaron y probaron de cerca los dardos y los espolones que les caía encima, con gran griterío, como si fuera un rebaño, se dirigirán huyendo hacia la costa y, escampados por los túmulos cercanos, los tuvieron que cercar para vencerlos.